viernes, 19 de enero de 2018

Interior gastó 225.000 euros en medallas.

¿A cuántos santos y vírgenes va Zoido a condecorar con las 12.000 medallas que ha comprado?

La División Económica y Técnica de la Policía ha sacado a concurso la adjudicación del contrato para la compra de 12.000 medallas 'blancas' y otras 500 'rojas', por las que pagará 225.000 euros, según publicaba el pasado día 10 el Boletín Oficial del Estado. La Medalla al Mérito Policial con Distintivo Blanco es un reconocimiento no pensionado que pueden recibir agentes o personal ajeno al Cuerpo. La Ley de 1964, que regula la concesión de estas medallas, señala que un civil podrá recibir tal condecoración si ha protagonizado “cualquier hecho que evidencie un alto sentido del patriotismo o de la lealtad con prestigio para la Corporación o utilidad para el servicio”; si ha sobresalido en su empleo o cargo, redundando en beneficio de la Policía; o si se ha distinguido “de cualquier modo no previsto” con las citadas consecuencias.

El Cuerpo repartió centenares de medallas, la mayoría ‘blancas’, y una parte de éstas fueron dirigidas a personas ajenas al Cuerpo, desde miembros de organizaciones civiles hasta periodistas. En 2016, la Policía repartió 3.664 Medallas Blancas. Pero éstas se pueden conceder durante todo el año. El hecho de que Jorge Fernández Díaz, anterior ministro de Interior, se la concediera a una Virgen de Málaga llegó a los tribunales. Lo que no impidió que su sucesor, Juan Ignacio Zoido, inaugurara su medallero con un reconocimiento al Hermano Mayor de la Congregación de Mena, en Málaga, o con la medalla al hermano mayor de la Cofradía de los Legionarios. Se trata de la cofradía del Cristo de la Buena Muerte, patrono de la Legión, cuyos miembros son protagonistas de la procesión de todos los Jueves Santo en la ciudad andaluza.

En cuanto a la concesión de la Medalla al Mérito Civil con Distintivo Rojo, la citada Ley establece que un agente, para ser merecedor de las mismas, debe haber sido herido en acto de servicio, participar en al menos tres servicios en los que haya corrido peligro durante “un hecho abnegado” o haya estado en riesgo a través de una conducta de “especial trascendencia”. Sin embargo, las medallas rojas han sido utilizadas por unos y otros gobiernos para reconocer logros destacados de los agentes y, en ocasiones, recompensar lealtades o 'comprar adhesiones'. Su concesión supone un 10% adicional del sueldo de por vida. El comisario jubilado José Manuel Villarejo, por ejemplo, fue condecorado en 2014 por su participación en la 'Operación Cataluña', una investigación secreta por aquel entonces. Y, en 2016, la Policía condecoró a 208 agentes con la Medalla Roja.

El Ministerio del Interior se gastó unos  272.250 euros, IVA incluido, en la compra de 12.500 medallas para condecorar a policías y personas ajenas al Cuerpo Nacional de Policía. El diputado de ERC, Gabriel Rufián, preguntó al Gobierno “cuántos santos o vírgenes piensa condecorar” el ministro del Interior con estas medallas y si, entre los homenajeados, “está la Virgen de las Nieves”, en referencia a la crisis por el atasco en la AP-6 durante el temporal del pasado fin de semana. Rufián cuestionó si Juan Ignacio Zoido piensa condecorar “a los policías que el día 1 de octubre, en Catalunya, apalearon a las personas que defendieron el derecho a votar del pueblo catalán” o a los que “estuvieron meses buscando las urnas y las papeletas que el pueblo de Catalunya puso en los colegios electorales para impedir celebrar el referéndum”. El diputado de ERC preguntó si el Gobierno “considera ético condecorar a unos policías por una actuación que ha sido cuestionada por organizaciones de derechos humanos en tanto que se utilizó la violencia de manera desproporcionada contra una población pacífica”. La respuesta ministerial ya la sabemos. Y, por mucho que la evidencie, no deja de sorprendernos.

jueves, 18 de enero de 2018

El preso que 'resucitó' en la sala de autopsias.

Gonzalo Montoya, antes de su ingreso en prisión.

Gonzalo Montoya, un preso de 29 años que había ingerido un gran número de pastillas con la intención de quitarse la vida en su celda de la cárcel de Villanovavas, en Asturias, fue dado por muerto por los médicos de la prisión. Sucedió el domingo, 7 de enero pasado. La comitiva judicial decretó el levantamiento del cadáver para su traslado al Instituto de Medicina Legal, donde se le tenía que practicar la autopsia. Pero, cuando iban a trasladarle a la morgue para cerrar su informe, los médicos de la prisión descubrieron que Gonzalo, ante la sorpresa de los presentes, emitía ciertos ronquidos. Y le reanimaron y certificaron que el muerto estaba aún muy vivo.

Su padre, José Carlos Montoya, recuerda los últimos momentos de su hijo: “Me lo metieron en la congeladora y luego, cuando le iban a hacerle la autopsia, mi hijo dio señales de que aún estaba vivo, se movió y roncó”. Montoya recuerda que estaba dentro de una bolsa negra. “Entonces, un médico, sorprendido por los extraños ruidos, abrió la bolsa y lo sacó de la cámara frigorífica. Entonces los operarios de la funeraria y el auxiliar de autopsias se dieron cuenta de que el cadáver se movía. Lo que significaba que aún vivía”. Dicen que el “resucitado”, que está casado y es padre de cinco hijos, pidió un cigarrillo al despertar y fue inmediatamente trasladado al Hospital Universitario de Asturias, donde se recupera bajo custodia policial. Está completamente desfigurado y muy hinchado. La administración penitenciaria y el gobierno regional de Asturias abrieron sendas investigaciones para analizar lo ocurrido.  

Su esposa, Catia Tarancón, no dio importancia a sus últimas palabras de que le “iban a sacar afuera”. O no entendió su significado. Gonzalo tenía un largo historial de problemas psicológicos y acumulaba varios intentos de suicidio previos. Montoya cumplía condena, según su padre, por un robo de chatarra en la fábrica de Central Lechera Asturiana, ya que su familia, gitana se dedica a la venta de residuos. Fue condenado a 3 años y 6 meses de prisión y sólo le faltaba ya 6 meses de estancia en ella. Hoy, tras volver a la vida que nunca abandonó del todo, Gonzalo Montoya continúa ingresado en la UCI, custodiado por la Policía, con acceso controlado de visitas y sin teléfono móvil. Pero el preso que “resucitó” justo cuando le iban a practicarle la autopsia, ya ha recogido más de 2.000 firmas entre parientes, amigos y conocidos en una carta en la que le solicitan el indulto. Su padre se muestra satisfecho porque ya tiene en su poder “cientos de firmas de familiares, amigos, conocidos... “Son de las personas que nos apoyan para que no se cometa otra injusticia”, señala. “Hoy, lo que pedimos es que le dejen en libertad porque sólo le quedan unos meses y si lo vuelven a mandar a la cárcel, igual no lo aguanta y tenemos miedo que lo vuelva a intentar”.

Los resultados de la analítica que se le practicó a Gonzalo después de “resucitar” indican que en su cuerpo había una sobredosis de barbitúricos y otras drogas. Su familia dice que en el centro penitenciario había escaso control en el reparto de medicamentos y que intentó suicidarse, por la depresión y la angustia en la que vivía. “En la cárcel ya tenía ansiedad y muchos nervios, y la medicación se la daban en una bolsa. Eso no debía ser así, hay que estar pendientes de lo que toma cada uno, tener más control con lo que le daban en la enfermería y lo que tomaba”, declara María Covadonga Jiménez, madre de Gonzalo, al diario La Nueva España. El objetivo ahora es “conseguir toda la ayuda posible” y que se entienda que “fue mucho lo que le hicieron a mi hijo”. Y José Carlos Montoya añade: “Lo único que queremos es que se recupere cuanto antes. Ahora parece que está mucho mejor. No le contamos cosas que le puedan preocupar ni disgustar; no queremos hacerle sufrir. Cuando ya esté bien y lo lleven a una habitación, entonces ya veremos lo que le vamos contando”.

miércoles, 17 de enero de 2018

Una chirigota gaditana propone decapitar a Puigdemont por “alta traición”.


Hace una semana, las chirigotas volvieron a Cádiz con su humor, su ingenio y sus polémicas de cada año. Entre sus temas más polémicos, el de Catalunya, y más concretamente, un nombre, el de Puigdemont. En efecto, una de las 137 agrupaciones que se presenta al COACC (Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas de Cádiz), concretamente, “La familia Verdugo”, se propone decapitar al expresident, Carles Puigdemont, en pleno escenario. “Según el artículo 155 de la Constitución de España y la humanidad se condena por alta traición al gafas que está ahí atrás”, arranca la letra. Y prosigue: “No sabemos si cortarle la cabeza o mandarlo a pelar / Que entre el condenado que tenemos que empezar a cantar”. En pleno escenario del Teatro Falla,  repleto esta vez de verdugos, se entona el himno de España mientras tres dobles de Puigdemont entran en acción, saludando al público con un “bona nit” y sosteniendo, entre lamentos, una estelada. Y, después de meter la cabeza y las manos en la guillotina, suena  la versión del tema “Devuélveme la vida”, de Antonio Orozco. “Pido perdón por haber celebrado un referéndum  –ruega el personaje–. Pido perdón por las urnas que allí coloqué. En realidad eran cajas de ropa de invierno, pero es que allí es ver las cajas y echar un papel. Yo te pido perdón, que no quiero cumplir más condena. Te pido perdón de la única forma que sé. Perdóname la vida”. Tras las súplicas, el verdugo lo espanta con la bandera de España, que acaba siendo sustituida por la estelada. El aguacil que dirige la sentencia pregunta al público: “¿Le perdonamos la vida a Puigdemont, sí o no?”. La respuesta es unánime: “¡No!”. Y concluye: “La sentencia es bastante clara, son las cosas de la democracia”.

La chirigota, en la que Carles Puigdemont se enfrenta a la picota y al hacha del verdugo, no fue bien vista por aquellos que están a favor de la independencia. A pesar de ello, uno de los tuiteros que la difundió señala que era una sátira contra el artículo 155. Reconoce que muchos catalanes se han sentido humillados y no comparten esa visión crítica. E indica que defender, al mismo tiempo que prohibir o penalizar estas sátiras no es el camino. Dice que el gran alcance que está tomando el COAC ha provocado que, desde Catalunya, se hable de delito de odio. La asociación Círculo Catalán de Negocios ha pedido públicamente la intervención de la Fiscalía y, con mucha ironía, habla de “catalanofobia”. “Una chirigota de Cádiz propone degollar a Puigdemont y el público aplaude. Estamos ansiosos por ver cómo la Fiscalía les lleva a juicio por delito de odio.  Ah, no. Que la catalanofobia no es”.

Por otra parte, la chirigota de Chiclana, presenta una letra de Álvaro García, que  pone al borde de la decapitación a los Reyes Magos por no concederles el deseo de cantar más adelante en el concurso porque no han tenido tiempo de preparar bien sus letras. Históricamente, a la vista de estas chirigotas, se recuerdan críticas muy duras a la Casa Real, al Gobierno de turno e incluso a cuestiones religiosas. Pero algunos abogados penalistas consideran que hay que hablar del animus iocandi. Una expresión que impide tomar en serio una declaración de voluntad y evita el surgimiento de obligaciones (ni contractuales, ni de otro orden, inclusive penal), cuando se evidencia que el compromiso fue efectuado en broma.

Chirigota, La familia verdugo - Preliminares