jueves, 17 de agosto de 2017

El “C-Star”, barco de la ultraderecha, es rescatado por una ONG.

 EL "C-Star", bautizado ya como 'el barco fascista' está fletado por el movimiento de ultraderecha Generación Identitaria.


La ONG humanitaria 'Sea eye', con sede en Alemania, informó en su perfil de Facebook que fue contactada por el centro de coordinación de rescate de Roma (MRCC, en inglés) para proporcionar ayuda a la “nave nazi”, que se encuentra frente a las costas de Libia. El movimiento “Generación Identitaria” confirmó en un comunicado que su embarcación, “C-Star”, “tuvo, durante la noche, un ligero problema técnico”. Y Michael Buschheuer, el presidente de la ONG 'Sea eye', defendió que “ayudar ante el peligro es el deber de cualquier persona que esté en el mar, sin distinción a su origen, color, religión o convicciones”.

Desde que zarpara, El “C-Star”, de 40 metros de eslora, fue retenido en Chipre, sin lograr atracar en el puerto siciliano de Catania, tal y como tenía previsto, y se topó con las protestas de decenas de personas cuando intentaba alcanzar puertos tunecinos para proveerse. De hecho, el pasado día 6, su tripulación decidió no acceder al puerto tunecino de Zarzis, donde sindicalistas, militantes, pescadores y trabajadores portuarios se manifestaban contra la iniciativa, que tildaban de “racista”. El “C-Star” sigue sembrando odio por el Mediterráneo. Y tuvo, en las últimas semanas, distintos enfrentamientos en su misión de impedir el paso a las embarcaciones cargadas de migrantes que tratan de llegar a las costas europeas. Uno de ellos, fue con la ONG Proactiva Open Arms, dedicada al rescate de refugiados. El barco de la organización catalana se encontró con la embarcación fascista.  “Se acercaron a nuestro barco y comunicaron por radio a través del canal 16 que es un canal de emergencias” cuenta Ricardo Gati, director operativo de esta organización. “Alegaban que teníamos que alejarnos porque éramos traficantes y un factor de atracción de emigrantes”, recuerda. “Nosotros nos limitamos a decirles que tenían que dejar libre un canal que no puede utilizarse para ese tipo de comunicaciones; pero ellos insistieron diciendo que nos tenían vigilados, que seguirían observándonos y que los días de las operaciones de tráfico de personas libres y sin control en el Mediterráneo se habían acabado porque estaban ellos”. El objetivo del “C-Star” es precisamente ese: patrullar el mar para ‘vigilar’ las actividades de las organizaciones no gubernamentales y devolver a la costa africana a los emigrantes que encuentren.

La ONG catalana se ha enfrentado en las últimas semanas a varios problemas. Navegando en aguas internacionales, a trece millas de la costa libia, “vimos acercarse muy rápido un barco de la guardia costera de Trípolí”, narra un integrante de la agrupación. “Es uno de los 12 barcos que se le habían quitado a Gadafi y que, después de arreglarlos, Italia devolvió a Libia”. Por radio les ordenaron que se alejasen, indicándoles que podían entrar en aguas libias. “No era nuestra intención”, aclara Gati, “y luego nos amenazaron diciéndonos que la próxima vez nos atacarían y nos dispararían sin avisar”. A partir de ahí “empezaron con el mismo discurso que el ‘C-Star’, acusándonos de traficantes e indicándonos que llevaban días controlándonos porque éramos sospechosos de tráfico de personas”.

El “C-Star” financió su operación ‘Defend Europe’ a través de una campaña de crowdfunding lanzada por activistas antiinmigración franceses, alemanes e italianos. La iniciativa acabó siendo suspendida por Paypal, pero hasta ese momento la organización ya había recaudado 76.000 euros. No obstante, el barco se ha encontrado con distintas dificultades en su recorrido por el Mediterráneo. Fue retenido en el Canal de Suez, las autoridades de Catania prohibieron que atracara en el puerto y en el norte de Chipre fue retenida y sus tripulantes tuvieron que comparecer ante el juez por no tener la documentación en regla y entrar ilegalmente. En Túnez, una cofradía de pescadores lo rechazó sacando incluso pancartas y Proactiva Open Arms tiene grabaciones de las conversaciones de la Guardia Costera tunecina en las que se le ordena dejar la zona.

Otra de las polémicas que se cierne sobre el “C-Star” tiene que ver con su tripulación. Cinco de los trece ceilaneses que viajaban en él solicitaron asilo en Chipre y acusaron al capitán de haberles engañado. Según su testimonio, pagaron 10.000 dólares cada uno por un viaje que arrancó en Yibuti y que tenía por destino final Italia. La organización neofascista reconoce que los tripulantes entregaron ese dinero, pero alegan que lo hicieron para participar en un curso de formación marinera. Distintas asociaciones europeas y partidos políticos han pedido que se impida al “C-Star” llevar a cabo su proyecto. La Red Española de Inmigración y Ayuda al Refugiado ha interpuesto incluso una querella criminal en Madrid contra Generación Identitaria por pretender bloquear embarcaciones de migrantes y refugiados.

miércoles, 16 de agosto de 2017

El Gobierno ‘militariza’ los controles del Prat y se salta al derecho de huelga.

La Guardia Civil en El Prat.

El Gobierno ha recurrido a la Guardia Civil para hacer frente a la huelga de los vigilantes de seguridad de la empresa privada Eulen, en el aeropuerto de Barcelona. Los agentes del instituto armado están presentes en los filtros de control de pasajeros y comparten con los empleados de Eulen tareas ejecutivas y no sólo de vigilancia. La Asociación Unificada de la Guardia Civil critica que el Ejecutivo “haga uso de unos funcionarios carentes de derechos fundamentales como el derecho de sindicación y negociación colectiva” para “solventar” un problema que ha creado con la “privatización de la seguridad pública” en los aeropuertos y en otros sectores. “Nosotros –subraya la AUGC al estallar este conflicto– ya advertimos sobre las consecuencias negativas que tendría privatizar la seguridad pública”, cuando “la plantilla de la Guardia Civil se encuentra bajo mínimos”. También el abogado de los trabajadores, Leopoldo García Quinteiro, ha criticado el laudo arbitral obligatorio que el Gobierno intenta imponer. “Mientras no se quiebren los servicios mínimos –descarta el letrado– no se puede ir al arbitraje obligatorio. La imposición del mismo es una anomalía absoluta y un atentado directo al derecho fundamental a la huelga”.  

La empresa propietaria del aeropuerto y responsable de sus servicios es AENA, en propiedad del Estado en un 51% de su capital. El otro 49% de la sociedad fue privatizado en febrero de 2015. Los trabajadores de Eulen rechazaron el pasado domingo por votación la propuesta de mediación presentada por la Generalitat y que incluía un aumento salarial de 200 euros por doce pagas, lo que evitó que se pudiera cerrar un conflicto que se arrastra desde hace ya más de tres semanas con paros parciales. En el año 2016, AENA ganó 1.164 millones de euros, lo que supuso un 40% más de incremento respecto al año anterior. Mientras tanto, el Grupo Eulen, que se hizo con la subcontratación de la seguridad de las puertas de embarque en El Prat, ganaba ese mismo año 14 millones de euros, un 65% más.

Según Juan Antonio Fernández, portavoz de AUGC, los guardias civiles se sienten “utilizados” por el Gobierno que “utiliza a la Guardia Civil para que le saque las castañas del fuego”. Los Guardia Civiles, que se limitan a “cumplir órdenes que vienen del Gobierno”, en estos momentos, están “velando por que se cumplan los servicios mínimos”. Fernández se queja de que se haya vuelto “a recurrir a los guardias civiles”, “sin ninguna contraprestación económica, ninguna petición o diálogo”. No obstante, afirma que, desde El Cuerpo, se “solidarizan” con los trabajadores en huelga, entre otros motivos, porque reclaman lo mismo que ellos llevan “años” pidiendo.

José Luis Ábalos, secretario de Organización del PSOE, afirma en Europa Press que el uso de la Guardia Civil para garantizar la operatividad del aeropuerto de El Prat “no deja de ser una forma de esquirolaje” que atenta contra el derecho a la huelga. Ábalos criticó en La Cuatro la actuación del Gobierno en el conflicto laboral. Tras recalcar que el Ejecutivo “en ningún momento ha contemplado las consecuencias nefastas de su política laboral”,  recalca que, en este caso, “es evidente que ha estado al margen del conflicto como si fuera una cuestión de una empresa privada”. Según el dirigente socialista, el Gobierno y Aena únicamente han actuado cuando la situación se ha convertido en “insostenible”. “Y lo están arreglando de un modo absolutamente autoritario, sin ninguna sensibilidad hacia las condiciones de trabajo y sin ningún respeto al derecho de huelga”. 

martes, 15 de agosto de 2017

Corrupción de periódicos y periodistas.


Enrique Arias Vega publicaba hace unos días un artículo sobre la corrupción periodística que vale la pena leer. Decía el mencionado periodista: “No se puede cuantificar, por supuesto, pero, en estos cuarenta últimos años, periódicos y periodistas pueden haber malgastado (legal o ilegalmente) el equivalente del PIB de todo un año. Una burrada. Para empezar, tenemos los miles y miles de millones derrochados en medios públicos, desde nacionales hasta locales, pasando por las insólitas televisiones autonómicas. Cuando, al cerrar la RTV valenciana, el entonces presidente regional, Alberto Fabra, dijo aquello de ‘prefiero invertir en sanidad y en educación que gastar ese dinero en una tele pública’, lamentablemente tenía toda la razón. No hablo sólo de empresas públicas al servicio de los dirigentes políticos de turno en vez de a la verdad informativa, sino también de las privadas, cuya complicidad ha sido comprada al precio de subvenciones a su difusión (con ejemplares que muchas veces acabaron en la basura), publicidad institucional, una sedicente prensa escolar, ayudas a las lenguas vernáculas y un largo etcétera de corruptelas varias.

“Allí donde las empresas no han sido sobornadas, con mayor o menor fortuna, siempre ha habido algún periodista proclive a dejarse pervertir. Cuando el inefable Jesús Gil fue alcalde de Marbella, por ejemplo, un grupo de corifeos mediáticos alababa su gestión mientras era invitado a vacaciones en la localidad o adquiría apartamentos casi regalados. Luego, a la caída de su valedor, esos mismos fueron los primeros en ponerle a caer de un burro. Todo esto me ha venido al recuerdo cuando oigo despotricar contra la corrupción de políticos y empresarios a periodistas que han negociado históricamente sus silencios con suculentas contrapartidas. La corrupción, pues, no es de ahora y tampoco se ciñe exclusivamente a los que en este momento están puestos en la picota: el día en que los medios de comunicación hablen por fin de su propia podredumbre, entonces sí que podremos decir que las cosas comienzan a cambiar de forma radical”.

domingo, 13 de agosto de 2017

“Tourists go home”: ¿defensa vecinal o turismofobia?


Asalto de Arran a un bus turístico, en Barcelona.

Arran es una organización juvenil de la izquierda independista catalana que tiene 54 asambleas entre Catalunya, las Islas Baleares y la Comunidad Valenciana. Nace el 2012, de la confluencia entre Maulets y la CAJEI –dos organizaciones que llevaban activas 25 y 10 años, respectivamente, en el momento de la unión– y de algunas asambleas locales de jóvenes. Sus ejes ideológicos son el independentismo, el feminismo, el socialismo y el ecologismo, por lo que se declaran anticapitalistas y tienen en su punto de mira, entre otros, la industria turística. Sus acciones en la calle no son nuevas, pero este año han conseguido más revuelo mediático con la condena de parte de la mayoría de los partidos políticos. En marzo, Arran empezó su campaña para reclamar el referéndum con un escrache en la sede del PP en Barcelona, hecho por el cual el presidente del PP catalán, Xavier Garcia Albiol, lo tachó de “fascista”. En junio, varios miembros se encadenaron a las puertas de la Bolsa de Barcelona, para defender el referéndum “como una herramienta para el cambio social”. Y durante este verano, promovieron acciones contra el turismo masivo, acciones que no se limitaron a la capital catalana. En el puerto de Palma de Mallorca, encendieron botes de humo frente a un restaurante y, en un piso de Airbnb (marketplace para publicar, descubrir y reservar viviendas privadas), en Valencia, colgaron pancartas a favor de la “vivienda para los vecinos”. El portavoz de Arran explica que su “práctica política va más allá de estas acciones” y reivindica que estas acciones directas “son importantes por el efecto que generan, porque ahora se está hablando de la problemática del turismo en los Països Catalans”. Dos movilizaciones contra el turismo masivo sacudieron la capital catalana durante los últimos días: la pintada a un autobús turístico “y el pinchazo de las ruedas, acción que Arran reivindicó a través de un comunicado y un vídeo. Cuatro días más tarde, más pinchazos. En esta ocasión, en las ruedas de las bicicletas de alquiler, vehículos principalmente usados por turistas. El tuit de la asamblea de Arran del barrio del Poblenou, clama: “Ya estamos hartas, de la ocupación por parte de empresas turísticas, del espacio público del barrio. ¡Actuemos! ¡Únete al combate!”. 

Arran,  'fuerzas de choque' del independentismo catalán, practica la okupación ante la sede del PP de Catalunya.

El pasado 27 de julio por la mañana, un autobús repleto de turistas que circulaba por la Ciudad Condal es asaltado por un grupo de jóvenes en una parada frente al Camp Nou. Pincharon sus ruedas y escribieren el graffitis “El turismo mata a los barrios”. Los pasajeros temieron primero haber sido atacados por terroristas pero, conminados a bajar, finalmente, se dieron cuenta que lo que estaban viviendo era un acto de vandalismo llevado a cabo por Arran, la organización independentista y de izquierda alternativa, filial juvenil de la CUP, que reivindicaba el ataque. Desde el Ayuntamiento de Barcelona, el concejal de Empresa y Turismo, Agustí Colom, condenó el acto contra el bus turístico, definiéndolo como “un acto vandálico aislado”. El alcalde accidental de la ciudad, Jaume Collboni, advirtió a Arran que “se iban a encontrar con el Ayuntamiento, el Govern y con la Justicia, si seguían por este camino”. La alcaldesa, Ada Colau, criticada por algunos de no haberse pronunciado con suficiente rapidez, añade, a través de las redes sociales, que “protestar por el turismo no puede pasar nunca por intimidar a personas ni dañar equipamientos”. Fuera del Ayuntamiento, la mayoría de los partidos se  muestran contrarios a estos hechos. El portavoz del Govern, Jordi Turull, condena los actos “sin matices” y pide que se “replanteen este tipo de acciones”. La CUP, en cambio, no condena los actos. Su portavoz parlamentaria, Mireia Boya, define las acciones de Arran como “simbólicas” y pide que “no se dramaticen”. En una entrevista en RAC1, añade que a ellos se les pide que renuncien a la violencia, pero que “la violencia la provoca el Govern”. No es la primera vez que parlamentarios cupaires defienden acciones de Arran. De hecho, la organización juvenil comparte su marco teórico con la Candidatura d’Unitat Popular (CUP), aunque alega que no son sus juventudes porque funcionan autónomamente. Ambas se engloban dentro de la izquierda independentista y la CUP es el frente institucional. Junto con otras organizaciones de carácter político, laboral o estudiantil, Arran apoya la candidatura electoral CUP-Crida Constituent (CC) y todos participan del Grup d’Acció Parlamentària. Las decisiones tomadas en este órgano se suman a las grandes decisiones de las asambleas territoriales de la CUP, agrupadas en el Consell Polític, y definen el sentido del voto de los parlamentarios de la CUP-CC.


Transports Metropolitans de Barcelona (TMB) denuncia en los tribunales el ataque al bus turístico y valora los daños materiales y de parada de servicio en 1.849,24 €. El Ayuntamiento y el Govern de la Generalitat anuncian que se personarán en el caso. Varias agrupaciones de la ciudad relacionadas con el comercio y el turismo consideran que no es suficiente. “Confiamos que se pondrán en práctica inmediatamente los recursos y mecanismos necesarios para erradicar estas manifestaciones vandálicas”, escriben 27 entidades en una carta dirigida a la alcaldesa. “Los actores económicos pedimos que se garantice el orden”, añade Gabriel Jené, presidente de Barcelona Oberta, una de las entidades signatarias. “La represión existe y somos conscientes que por cada acción política que hacemos habrá consecuencias”, dice un portavoz de Arran quien prefiere no desvelar su nombre. “Ya tenemos a decenas de personas en casos represivos por otras acciones”, añade. Debido a estos actos y a otras manifestaciones contra el turismo y la industria turística muy pronto se extiende, entre empresarios, medios de comunicación y políticos, el uso de la palabra ‘turismofobia’ –odio y pánico hacia los turistas–. El presidente del grupo municipal popular en Barcelona, Alberto Fernández Díaz, asegura en un comunicado que la ciudad “es víctima de la ‘turismofobia’”, definiendo con este mismo término los actos de Arran. Pero, desde movimientos vecinales, como los agrupados en la Assemblea de Barris per un Turisme Sostenible (ABTS), creen que no responde a la realidad de la ciudad. Àlex Garcia, miembro de la ABTS, considera que este término “ha sido inventado desde la industria turística para autovictimizarse”. Afirma que ellos no se identifican con esta palabra, que “no sale de los colectivos vecinales”. Además, añade que ellos no están “contra los turistas”, sino que luchan contra una “falta de políticas que ayuden a regular”. Preguntados por este término, desde Arran coinciden en que no existe: “Es una problemática que se inventan para no plantar cara a la precarización laboral y la destrucción del territorio”. El pasado mes de junio se hacía público que esta actividad supera por primera vez el paro como principal problema para los barceloneses, según los datos del barómetro municipal. También por primera vez los vecinos que piden limitar el turismo son más que los que creen que debe aumentar, según revela el Informe de Actividad Turística 2016, aunque en el mismo informe se expone que el 87% de los barceloneses creen que el turismo es beneficioso para la ciudad.

        Protesta de Arran en Palma, lo que la organización llama “acción de visualización”.

Muy pronto, las acciones contra el turismo masivo se extienden a otras regiones. El 2 de agosto, en Palma de Mallorca, se encienden botes de humo frente a un restaurante del puerto y se exponen varias pancartas a favor de la “vivienda para los vecinos”. No es la primera vez que, en esta isla, se realizan y difunden acciones de este tipo. Un grupo de jóvenes llega al puerto, despliega unas pancartas, enciende unas bengalas frente a los yates de lujo y tira confeti a los clientes de un restaurante. Es otra acción “contra el turismo masivo que destruye Mallorca” por parte de Arran, que utiliza su cuenta de Twitter para difundir las imágenes. Pilar Carbonell, la directora general de Turismo de Baleares,  manifiesta su rechazo al ataque. Según dice, “está claro que los ciudadanos tienen todo el derecho del mundo de expresar sus críticas” ya que es un “hecho perfectamente legítimo dentro de un sistema democrático”. Sin embargo, señala que lo que “no es legítimo de ninguna manera es poner en riesgo a las personas y los bienes materiales de otros”. No obstante, el portavoz de Arran “articula un movimiento juvenil que fortalece las redes del territorio”. Y reivindica que estas acciones directas “son importantes por el efecto que generan, porque ahora se está hablando de la problemática del turismo en los Països Catalans”. Debido a estos actos y a otras manifestaciones contra el turismo y la industria turística, se extiende el uso de la palabra ‘turismofobia’. Desde movimientos vecinales, como los agrupados en la Assemblea de Barris per un Turisme Sostenible (ABTS), creen que este término no responde a la realidad de la ciudad. Àlex Garcia, miembro de la ABTS, considera que este término “se lo han inventado desde la industria turística para autovictimizarse”. Afirma que ellos no se identifican con esta palabra, que “no sale de los colectivos vecinales”. Además, añade que ellos no están “contra los turistas”, sino que luchan contra una “falta de políticas que ayuden a regular”. Desde Arran coinciden en que el término no existe: “Es una problemática que se inventan para no plantar cara a la precarización laboral y la destrucción del territorio”. 

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  Gaspar Sabater, en El  Mundo de Baleares: “Arran-CUP: nenes, caca”.

“Los imberbes de Arran, para protestar contra lo que definen como ‘turismo de élite y masivo que destruye Mallorca y condena a los trabajadores de los Països Catalans a la miseria’, montaron una gamberrada con confetis y bengalas. Pues ya ven, no pueden decirse más tonterías en menos palabras. Turismo de élite y masivo son términos antitéticos. Mallorca no son los Països Catalans y, lo que es más importante, el turismo no condena a la miseria a los trabajadores, al contrario Baleares ha alcanzado el máximo histórico de trabajadores, el paro ha caído a un 14% y en un año se han creado 28.000 empleos”. Así se expresaba Gaspar Sabater en El Mundo del 5 de agosto. El periodista mallorquín dibujaba, en su artículo “Arran: nenes, caca”, a unos muchachos de Arran “que ahora se muestran tan beligerantes, pero que, hasta la fecha, se habían limitado a ensuciar las paredes de Palma –sin que la policía les hubiera cazado, todo sea dicho– con pintadas varias que, en ocasiones, merecían cumplida réplica. Porque a las pintadas de Arran otros les añadían Ma(arran)nos. Y todo quedaba en un contraste de pareceres de literatura mural. Pero ahora parece que, sea por imitar que, en Cataluña la CUP –sus mentores– se han puesto a combatir el turismo y han recibido consignas, sea por las calenturas del verano, han pasado de las musas al teatro y están jugando ya con las cosas de comer, que es el turismo y el bienestar que nos proporciona a estas islas. A los niñatos de Arran hay que decirles aquello de nene, caca. Si no tienen inteligencia suficiente  –y los de la CUP tampoco– como para ver que atentar contra el turismo es atentar contra nuestra economía y contra nuestra prosperidad, hay que darles, metafóricamente, en la cocorota. Es decir, y puesto que actúan a cara descubierta, aplicarles los correctivos que hagan al caso. ¿A qué esperarán quienes debieran hacerlo para poner las correspondientes denuncias? Y a quienes se muestran comprensivos –que sin temor a equivocarnos pueden ser algunos sectores de Més que pierden el culo con los Països Catalans– y comprenden las reivindicaciones extremistas cuperas y de Arran, hay que demandarles que, sin ambigüedades, digan en qué parte están de la línea que separa la racionalidad de la inmadurez. Pero lo dicho, Arran-CUP: nenes, caca”.

Los portavoces de Arran-Palma, Àngels M.J. y Pau Oliver.

Los portavoces de Arran-Palma sostienen que “no atacaron a ningún yate ni fuimos violentos con nadie” durante la protesta del pasado 22 de julio. Y, tras la difusión del vídeo en el que se ve a una persona corriendo sobre los barcos, aseguran: “Ese hombre que se ve en las imágenes no es ningún miembro de Arran, era un trabajador de la zona que se habría asustado y comenzó a correr. No fuimos violentos con nadie: ni atacamos los yates ni hicimos daño a nadie ni a nada”, añaden los portavoces  en Palma, Àngels M. J. y Pau Oliver. Ambos reconocen que los jóvenes se acercaron al restaurante, pero que “sólo se tiró confeti. Nuestra intención es hacer difusión mediática de nuestras reivindicaciones. Es por eso que solo exhibimos pancartas, encendimos alguna bengala, tiramos confeti al establecimiento, lo recogimos todo y nos fuimos”, aclaran los portavoces. “Es más, la mayoría de la protesta tuvo lugar en un espacio público”, afirman. Desde Arran-Palma, también se quejan de la manipulación que han realizado diferentes personas. “Por ejemplo, el portavoz de Ciudadanos en el Parlament, Xavier Pericay, difundió una imagen falsa que hacía referencia a Arran y decía: ´No somos racistas pero... ¡Fuera turistas!´ para tacharnos de xenófobos”, explican Pau y Àngels. 

       
El debate sobre la 'turismofobia' irrumpe en Madrid.

Arran-Palma critica las difamaciones de algunos medios y personas. “Nos tildan de ´terroristas´ –afirman– para dejarnos mal”. “Lo que queremos es un control y una regulación de esta actividad económica que sabemos que no va a desaparecer”, explican. “Está claro que el turismo masivo ha provocado muchos problemas: falta de vivienda, destrucción del medio ambiente o aumento de la precariedad laboral”, añaden. Lo que los jóvenes de Arran proponen es que se tomen “medidas para regular el turismo. Queremos que se prohíba la construcción de más hoteles, así como el alquiler vacacional, y que se mejoren las condiciones de los trabajadores”. En la organización están “sorprendidos” por el revuelo que ha creado su protesta. “No nos esperábamos está difusión, y eso es bueno porque así ponemos el debate sobre la mesa”, comentan. “Aunque nos critiquen, nos gusta salir en los medios porque así hacemos que la gente piense sobre el tema”, añaden. En Ciutat, la formación juvenil independentista también protagoniza los ataques a las sedes del PP en Mallorca; la protesta proabortista en Sant Miquel, las reivindicaciones del Día de la Mujer Trabajadora o la quema de imágenes del rey durante la Diada de Mallorca. Además, debido a su estrecha relación con Cataluña, Àngels y Pau aseguran que están “preparando acciones a favor del referéndum que se celebrará el próximo 1 de octubre”. A nivel nacional, Arran cuenta con unos 500 jóvenes, trece de los cuales se encuentran en Mallorca. Todos tienen entre 16 y 26 años. Y, en su página web, se autodefinen como “la organización juvenil independentista más grande y fuerte” del territorio. 

Una furgoneta de 'rent a car' con pegatinas en contra del turismo.

Los ataques contra el turismo van en aumento. Ya no es solo Barcelona. El pasado miércoles Arran-Palma, Endavant Mallorca y Joves del GOB, pegaron más de mil adhesivos en coches de alquiler aparcados en diferentes puntos de Mallorca –Santanyí, Artá y Palma– y la sede de la Agencia Vasca de Turismo (Basquetour) fue atacada con el lanzamiento de pintura roja. No fueron casos aislados. La lista de frases se repite por doquier: “Este coche sobra”, “El turismo mata Mallorca”, “Turist, go home” (turistas, vayan a casa), “La masificación turística nos explota”, “No son bienvenidos”.  Los coches de alquiler,  aparcados en diferentes puntos de la isla, reciben este castigo en protesta contra el turismo de masas, con una acción que buscaba señalar cómo la masificación turística “explota”. De esta manera la organización reivindica, en su perfil de la red social Twitter, la actuación “contra la masificación turística” y “la saturación de coches de alquiler”, con la etiqueta “#AquestCotxeSobra”. Los  jóvenes de Arran insisten en que “no es turismofobia; es lucha de clases”. Y aseguran que el desmesurado número de vehículos de alquiler –más de 100.000 rodando por Mallorca– satura las comunicaciones y contribuye a la masificación y a la contaminación. Asimismo, anuncian que, en las próximas semanas, continuarán pegando adhesivos en coches de alquiler para “plantar cara a la masificación”. Ese mismo miércoles, la sede de la Agencia Vasca de Turismo (Basquetour) también es atacada con el lanzamiento de pintura roja y con pintadas en el exterior del edificio. En el ataque, se ha hecho referencia a la manifestación convocada para el 17 de agosto en San Sebastián por Ernai, la organización juvenil de Sortu, contra el modelo turístico. Los mensajes contrarios al turismo se suman a la protesta llevada a cabo a finales de julio por la organización juvenil de izquierda independentista vinculada a la CUP Arran Jovent, en el muelle viejo de Palma, con pancartas frente a varios yates, bengalas y lanzamiento de confeti a los turistas en la terraza de un restaurante. Por su parte, el presidente de la Federación Española de Asociaciones de Agencias de Viajes (FEAAV), Rafael Gallego, reconoce que el sector vive con “mucha preocupación” la imagen que trasladan al exterior los episodios de “turismofobia” y advierte de que existe el peligro de que haya un incidente grave. Algunos medios de comunicación no dudan en relacionar esta acción aislada con el proceso independentista. Mientras tanto, la Generalitat y todos los partidos catalanes, también los independentistas, salvo la CUP, la condenan o se desmarcan de ella.

Fernando  Martínez-Maíllo, del PP.

Pero la derecha no desaprovecha la ocasión para arremeter contra los radicales catalanes. El coordinador general del Partido Popular, Fernando Martínez-Maillo, asegura que “no podemos permitir que estos niñatos descerebrados y malcriados, que es lo que son, planteen un ataque permanente hacia el turismo”. Dice que, desde el PP y desde el Gobierno, “estamos aquí para defender no solo al turismo, sino a los empresarios y a los trabajadores vinculados a ese sector”. Y, en declaraciones a los medios de comunicación, en una visita a Alicante, explica que se “puede discutir si lo podemos mejorar o no, pero no son admisibles los actos violentos. Hay que ser insensatos para tratar de destrozar una de nuestras principales industrias. El problema no son los niñatos, el problema es aquellos que no condenan esos actos vandálicos, porque comienzan tirando confetis, como en Baleares, y se acaba quemando autobuses como la kale borroka en el País Vasco, como pasó en su momento. Tomémonos este tema con la importancia que tiene –insiste–. Hay que condenarlo de manera clara y rotunda y poner medidas. El Gobierno de España está dispuesto y, espero que los ayuntamientos y las comunidades autónomas también, a poner medidas, sancionarlo si es necesario pero, sobre todo, poner medidas para evitarlo”. Por su parte, Rajoy considera la 'turismofobia' como “un sinsentido y un disparate” El presidente del Gobierno considera “inaudito” tener que salir en defensa del turismo, un sector que crea “riqueza, empleo y prosperidad dentro de España”, Rajoy hace estas afirmaciones durante intervención en el acto del 40º aniversario de la empresa HOTUSA, cadena catalana de hoteles que tiene sede en la localidad lucense de Chantada. Y el jefe del Ejecutivo asegura que, para él, quien ataca al turismo “no ofrece ninguna alternativa sensata” y que “eso sólo puede quererlo gente muy radicalizada”.
      La presidenta del PSOE, Cristina Narbona, condena los asaltos pero piensa que es necesario “reordenar el turismo”.

Por su parte,  la presidenta del PSOE, Cristina Narbona, se posiciona a favor de poner coto a los excesos de la primera industria de España, Y, en una entrevista concedida a ‘El Mundo’, se suma a las reclamaciones de poner incluso límites cuantitativos. Preguntada por los ataques protagonizados por jóvenes de Arran, Narbona condena los asaltos pero opina, al mismo tiempo, que es necesario “reordenar el turismo” y que, incluso, se deben “establecer límites cuantitativos” de alojamientos turísticos, dada la saturación de determinadas ciudades, especialmente en Cataluña y Baleares. Según datos de la EPA, analizados por el organismo público Tourespaña, el turismo genera 1 de cada 4 empleos, desde 2013, y aporta alrededor de 110.000 millones de euros a la economía, más del 11% del PIB. Sin embargo, en la otra cara de la moneda se encuentra la temporalidad y precariedad de la mayoría de los puestos de trabajo unidos al notable encarecimiento del sector inmobiliario en las grandes ciudades. La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, emprende una campaña contra el turismo exacerbado y presiona con multas a las conocidas plataformas Airbnb y Homeaway para que retiren la publicidad de apartamentos ilegales. Cada año, pasan por la ciudad condal 8 millones de turistas y hay barrios donde los pisos de residentes son absolutamente residuales. Además, el consistorio barcelonés aumentó hace ya varios años la tasa turística en comparación con el resto de Cataluña y ahora está ultimando una tasa para excursionistas que no pernoctan y que se cobraría a los turoperadores. En la capital, la regidora, Manuela Carmena, protagoniza un encontronazo con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, a cuenta del debate de la tasa turística al que se opone la popular. No obstante, el Ayuntamiento estaría trabajando desde hace meses en un acuerdo de entendimiento con Airbnb y otras plataformas para establecer una recaudación impositiva y limitar los tiempos de alquiler.

Ada Colau condena las acciones contra el turismo y pide no magnificarlas.

En plena polémica por la llamada 'turismofobia', la organización juvenil anticapitalista Arran sale en defensa de sus acciones y niega en un comunicado que esté en contra del turismo, sino del modelo turístico. “No estamos en contra de los turistas ni del turismo, nosotros también lo somos y sabemos que es una actividad humana que puede ser muy enriquecedora”. En un comunicado recogido por Europa Press, matiza que sus acciones –pintadas, ruedas pinchadas de buses turísticos y manifestaciones– responden al tipo de turismo marcado por “un modelo capitalista que está concentrando los beneficios en muy pocas manos y está provocando la destrucción del territorio. Está haciendo aumentar los precios del alquiler hasta el punto de que nos expulsa de nuestros barrios, alejando a las personas de sus redes familiares y de apoyo”. Ada Colau señala lo que considera otro problema derivado del modelo turístico: la creación de trabajos precarios. La alcaldesa de Barcelona condena “firmemente” las acciones contra el turismo, advirtiendo de que “no hay que magnificar hechos aislados”, pues “lo que es normalidad en la ciudad es la convivencia entre ciudadanos y visitantes. Ha habido unos hechos graves que se han denunciado, que se investigarán judicialmente y los responsables tendrán que responder ante la justicia, pero, afortunadamente, eso no es la realidad cotidiana de Barcelona, que es una ciudad que le gusta ser visitada por turistas”. La alcaldesa destaca que el Ayuntamiento actúa ahora por primera vez para regular esa actividad turística y disminuir al máximo posible los efectos negativos. Indica que los colectivos Arran y Endavant de la CUP, que reivindicaron las acciones, “no representan al conjunto de la ciudadanía”. E invita a estos grupos a “vehicular sus críticas de manera dialogante, democrática y positiva, y a que abandonen completamente ese tipo de acciones”. El colectivo juvenil independentista critica que se haya extendido el uso del término 'turismofobia' para describir sus acciones, tachándolo de “concepto inventado que intenta desvirtuar una lucha completamente legítima”. En plena polémica por la llamada 'turismofobia', Arran sale en defensa de sus acciones y niega en un comunicado que esté en contra del turismo, sino del modelo turístico. “No estamos en contra de los turistas ni del turismo, nosotros también lo somos y sabemos que es una actividad humana que puede ser muy enriquecedora”.

Arran dice estar en contra  del  modelo turístico, no de los turistas.

La Federación Española de Periodistas y Escritores de Turismo (FEPET) condena los incidentes contra el turismo protagonizados en varias ciudades, entre ellas Palma, por una minoría “extremista” que, a su juicio, podrían suponer un “importante freno” o incluso “rechazo” a la oferta turística española. La FEPET se  manifiesta de este modo ante los recientes incidentes ocurridos en Palma y Barcelona, que, según apuntan, “contagiaron” al País Vasco. Los periodistas especializados recuerdan el histórico carácter hospitalario de España y la condición del turismo como una industria “limpia” que significa “su mayor fuente de ingresos”. Inciden en que las directrices de la Organización Mundial del Turismo se encaminan a la gestión de un turismo más sostenible y respetuoso con el medioambiente. Pero Arran Països Catalans apunta  con más precisión, y propone la expropiación de hoteles, centros comerciales y parques temáticos con el objetivo de “reformar el modelo turístico”, de manera que sirvan “para paliar las consecuencias críticas que está recibiendo la población”. La organización ha publicado un comunicado en su blog en el que desgrana otras medidas que aplicarían, como la paralización inmediata de licencias de actividad para hoteles y empresas vinculadas al turismo, mejorar las condiciones laborales, aumentar los impuestos a las empresas del sector turístico para avanzar hacia la soberanía económica, prohibir de forma inmediata la actividad de las empresas relacionadas con los pisos turísticos y regular el precio inmobiliario para asegurar el derecho a una vivienda digna. La organización juvenil sugiere “expropiar las principales empresas y activos turísticos del país, como puede ser los diversos puertos deportivos, hoteles como el Vela, establecimiento de Starwood ubicado en Barcelona; centros comerciales o parques temáticos como Port Aventura, poniendo así los beneficios económicos que generan al servicio de toda la población”.


“Alexandra y Antonio –escribe David Torres en Público, bajo el título ‘Turistas go home’– son turistas de interior, turistas del siglo XXI que se han ido de visita a la prehistoria para cagarse en ella. Antes, para destrozar un monumento de esa manera, había que invadir primero el país, igual que cuando las tropas napoleónicas se fueron llevando Egipto por parcelas, cuando los ingleses saquearon los templos griegos, asirios y babilónicos o cuando los cristianos plantaron una catedral en medio de la Mezquita de Córdoba. Hoy para ejercer de vándalo ya no hace falta reclutar un ejército o llamar a unos cuantos arquitectos: basta con darse un garbeo por la calle o salir al campo a merendar y dejar una pintada en un pedrolo como si el pedrolo fuese la puerta de un retrete. Muchos lugareños (en el sentido estrictamente etimológico del término) se sienten amenazados por la presencia de extranjeros en sus ciudades y han decidido movilizarse para demostrar que los únicos que pueden joder sus ciudades son ellos. Es un movimiento centrípeto que vuelve a alertar sobre un viejo terror básico del género humano: el odio al vecino. Se trata, además, del vecino más peligroso que existe, el que viste igual que nosotros, engulle parecido y veranea por los mismos parajes. La turismofobia es una especie de xenofobia con corbata, un clasismo inverso donde lo que da miedo no son los extranjeros que vienen a quedarse sino los que echan un vistazo y se piran. Hay lugareños que odian a la gente que viene en patera y hay lugareños que odian a la gente que viene en avión. Sin embargo, del mismo modo que es más fácil quemar un autobús que conducirlo, parece más fácil echarle la culpa de diversos desastres a la industria del turismo que solucionar unos simples problemas de orden público, civismo y educación. Ignoro cómo será la cosa en Barcelona o en Donosti, pero en Madrid la horda turística ha hecho mucho menos daño que Botella, Aguirre o Gallardón, los cuales han dejado la capital hecha pasto de arqueólogos y su nombre inscrito a cuchillo por los restos”.

       Acción contra el turismo masivo en Barcelona.

“Turismofobia, tu padre” es el artículo de Raúl Solís, publicado en Iniciativa Debate, que así comienza: “Si denuncias que hay camareros cobrando 700 euros al mes por 12 horas de trabajo diarias, de las que sólo están dados de alta cuatro, es que odias el turismo; si denuncias que hay camareras de piso que acuden empastilladas a trabajar para poder limpiar 20 habitaciones diarias a 1,5 euros cada una, es que odias el turismo. Si denuncias que los guiris borrachos se alojan en apartamentos ilegales y te vomitan tu patio, es que odias el turismo; si denuncias que tu alquiler ha pasado de 500 euros al mes a 900, porque al casero le es más rentable alquilar la vivienda ilegalmente por días que por meses de manera legal, es que odias el turismo. Si denuncias que estudiaste Turismo y estuviste viviendo en dos países varios años para perfeccionar tu nivel de idiomas y que ahora el hotel donde trabajas de recepcionista te paga 900 euros al mes, es que odias el turismo; si denuncias que estás harto de no poder salir de tu casa porque las manadas de turistas en fila india tienen bloqueado el portal de tu casa, es que odias el turismo. Si denuncias que hay una burbuja turística que ha sustituido a la burbuja inmobiliaria, sostenida en bajos sueldos y expulsión de la población local de la ciudad, es que odias el turismo. Si denuncias que los beneficios del turismo, sector que no ha conocido la crisis y que aumenta anualmente sus beneficios en más de dos dígitos, se tienen que repartir de manera equilibrada entre trabajadores, empresarios y ciudades turísticas, es que odias el turismo. Si denuncias que el patrimonio histórico-artístico de nuestras ciudades no soporta la presión turística actual y que es posible que en unos años no podamos seguir viviendo del turismo porque nos lo habremos cargado por la avaricia capitalista, es que odias el turismo. Si denuncias que el turismo debe ser un sector de futuro y no sólo de presente, que los turistas merecen visitar sitios auténticos, con vida real, y no parques temáticos y que los habitantes locales merecen poder conjugar vivir en su ciudad con el turismo, es que odias el turismo… Los que lo odian todo, menos su deseo de acumular beneficios a costa de explotar recursos naturales, históricos y humanos, han encontrado en la “turismofobia” su palabra clave para no abrir un debate sereno y serio del que no podrán salir bien parados y que podría poner freno a su ansia desmedida por la acumulación de beneficios a costa de la salud de mujeres que acuden a trabajar drogadas para poder soportar los dolores que les producen mover carros de ropa sucia y limpiar 20 habitaciones en cuatro horas. Turismofobia, tu padre”.

Benidorm, en agosto.

“Las suecas que descubrió José Luis Vázquez –escribe Igor Marín Ochoa, bajo el título ‘Atacad a los turistas antes de iros de vacaciones’, en Vozpópuli– no solo trajeron 'atrevidos' bikinis a España. También venían con ideas y discursos de democracia. Y aquello al franquismo, aunque fuese retardado, no le hizo mucha gracia. Pero, a falta de petróleo, España necesitaba divisas para crecer y pensaron, Dios mediante, que por un ombligo y dos panfletos bien merecía la pena dejar a los españoles de Abanderado que se hiciesen los suecos durante el agosto de Benidorm. En aquella España 'uninacional', quienes vivían en el pueblo, dentro del valle, pensaban que su pueblo y su valle eran lo máximo a pesar de las penurias de la posguerra y la represión. Pero, llegó el autobús. Y con él, los visitantes. Y aquellos primeros turistas contaban que, en otros pueblos y en otros valles, había algunas cosas distintas y otras muy parecidas. Unas mejores y otras peores, pero que juntas demuestran que al final todos somos de la misma cepa, del mismo homínido. Y con aquello desapareció el sentimiento patrio y se anheló con más fuerza, si cabe, un cambio. Y así transcurrieron los años, en apacible y ebria convivencia, con los turistas que han ido cambiando el autobús por el avión. Al mismo tiempo, los lugareños ya hemos dado tantas vueltas por otros pueblos y otros valles que bien sabemos que lo nuestro es lo más querido pero que no es exclusivo ni necesariamente mejor. Pero han llegado dos cosas que han puesto todo patas arriba.

       Señales en Barcelona, repletas de etiquetas contra el turismo.

“Por un lado –continúa Marín Ochoa–, los turistas low cost que vienen a España (como van a otros sitios) a beber, romper y desmadrar. De su mano, lo que llaman economía colaborativa y que es de todo menos colaborativa, pues la mejor formar de contribuir entre todos es pagando bien los impuestos y estos amigos de las apps hacen precisamente lo contrario. La caída de precios y la multiplicación de la oferta sin control (vaya por Dios, necesitamos que el Estado regule esto) han provocado una masificación insoportable para los vecinos y una escalada de precios de los alquileres que expulsa de los barrios a quienes los han mantenido con vida hasta hoy. Esto, guste a quien es guste, sucede. Por otro lado, la alegre muchachada abertzale, anticapitalista, secesionista y rompedora. Los primeros, los vascos, llevaban tiempo sin saber qué hacer con los aerosoles de pintura que les sobraron de su época de amenazas y extorsiones. Los segundos, los catalanes, envalentonados por un procés que no procede, han encontrado una pancarta para ponerse detrás y quedarse con la reivindicación. Ambos, pareciendo casi que se hayan puesto de acuerdo, han emprendido una batalla contra el turismo (…) Pero en el fondo, como siempre, no buscan el bien para la comunidad sino levantar muros que impidan ver que fuera del valle hay vida tan buena o mejor. En abrir brechas que separen a las personas. Porque la globalización es la peor noticia para los nacionalistas radicales. Si se descubre que el ombligo patriótico no es muy diferente al extranjero el miedo a lo de fuera desaparece y el amor a la patria se diluye. Eso sí, esta muchachada que hoy quema, pinta y rompe contra los turistas, mañana se subirá a un Uber para ir al aeropuerto y volar a Cádiz o a Ibiza a actuar como lo que son. Turistas que van a otro sitio a divertirse. Tanta paz lleven como descanso dejen”.

      Turismo de borrachera en Magalluf (Mallorca)

Jordi Bayona titula, en ElPlural.com: ‘El año en que el turismo balear perdió su inocencia’. Un artículo sobre el debate social de la turismofobia, con exceso de emociones y falta de cifras contratadas. “El verano de 2017, en Baleares, será recordado como aquel en que el turismo perdió la inocencia, aquel en que la población percibió que el rey estaba desnudo y le perdió el respeto, aquel en que se puso en duda la bondad del actual modelo turístico por considerar que la balanza entre beneficios y perjuicios presentaba fuertes oscilaciones hacia un lado y a otro. El malestar se ha puesto de relieve en medios de comunicación y redes sociales con encendidas participaciones y denuncias cuya mayoría afectaba a sucesos patrocinados por el llamado ‘turismo de borrachera’. Pero ha funcionado el efecto alud y la pequeña bolita de nieve comunicadora se ha convertido en pocos días en una bola inmensa que arrasa por donde pasa. Con la saturación, la turismofobia, el agobio por los cruceros, el alquiler vacacional, las peleas entre ‘hooligans’ en las zonas más duras de Magalluf y otros elementos, se ha batido un cocktail explosivo con el que la viralidad sitúa a Balears al borde del precipicio turístico (...). La turismofobia ha patrocinado algunas manifestaciones callejeras que en ningún caso ha superado los 30 participantes pero que han tenido un desconcertante reflejo de titular y foto de portada en los medios. Incluso el grupo catalán Arran, vinculado a la CUP, se ha permitido algunos bolos de protesta callejera en Palma, con su consiguiente impacto mediático de alta gama. Al margen de todo ello, en los últimos días se ha producido una manifestación improvisada de unos 30 (precisamente) turistas españoles alojados en el Hotel Vista Blava Elegance, de Cala Millor, en la costa del levante mallorquín. Denunciaban las condiciones tercermundistas del establecimiento: temperaturas constantes de 34 grados en el comedor, desmayos por golpes de calor, ausencia de responsables… y solo dos trabajadores en contrato de prácticas atendían como podían a los clientes. Este suceso, que apenas, ha tenido eco en otros medios, debería haber sido el más relevante de la temporada. Es el único que no se presta a interpretaciones ni ha estado inducido por los startwuitters. En él está contenido el verdadero peligro para Balears: servicio deficiente, malas instalaciones y personal mal contratado y, por supuesto, mal pagado. Desgraciadamente nadie ha movido un dedo para estos turistas y trabajadores. La turismofobia sigue su curso”.

Llorenç Capellà escribe en "Ultima Hora" del pasado jueves un artículo que vale la pena leer. Su título es Turismefòbia.

      Las diputadas de la CUP, Anna Gabriel, y Mireia Vehí, durante la presentación de su campaña para el referéndum del 1 de octubre.

La izquierda independentista catalana, integrada por la CUP, Arran y Endavant, entre otras organizaciones, presentaba el pasado jueves su campaña para el referéndum independentista del 1-O. Una oportunidad de “barrer el capitalismo, el patriarcado, la corrupción y la monarquía”, consideradas como las principales estructuras del poder. La campaña, con el lema “¡Barrámoslos! Desobediencia, autodeterminación, Països Catalans”, está ilustrada con un cartel en el que aparece una mujer barriendo al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy; al rey Felipe VI; al expresidente del Gobierno José María Aznar; a los expresidentes de la Generalitat Jordi Pujol y Artur Mas, y al cardenal Rouco Varela, entre otros, “símbolo del régimen que queremos romper”. También aparecen la hermana del Rey, Cristina de Borbón; la exalcaldesa de Valencia, Rita Barberá; el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez; el expresidente de la Diputación de Castellón, Carlos Fabra; el expresidente del Govern balear José Ramón Bauzà, y el torero Juan José Padilla. La campaña se llevará a cabo de manera paralela a la que inició la CUP en junio para el “Sí” al referéndum, bajo el lema “Vivir quiere decir tomar partido”, y a la que realiza Arran en contra del turismo masivo.

  Twitter saca las escobas después de que la CUP llame a 'barrer' el capitalismo y la corrupción el 1-O.

        La escoba de la Cup no es nueva. Otros carteles políticos que barran al enemigo del mapa. 

       Esta es la campaña de la CUP para el l de octubre 'Barrámoslos'.


      La costumbre de arrobar España. 

 Tremending Topic




El humor en la prensa de esta semana: Peridis, Forges, Manel F., Puebla, Pat, Atxe, Eneko…












Nuevo partido de Llamazares y Garzón. 
Barra libre vs. turismofobia 
Nada es lo que era. Verano 

 A imagen y semejanza.

 Atxe. Trabaciones.


Pep Roig, desde Mallorca: Blanqueando a patadas, En todas partes, Los males del otro, Saturación local, Bajo costo, Tradiciosanguinarius, Buenísimos…








Barcelona, ¿tantos turistas acabarán con el turismo? - reporter euronews (en español)
 Barcelona denuncia consecuencias nefastas del turismo de masas HispanTV
Protesta contra un hotel en malas condiciones El Plural
El turisme arreu dels Països Catalans mata els barris i destrueix el territori, precaritza les nostres vide i ens condemna a la misèria. El turisme mata els barris | Autodefensa contra el barricidi! Arran Països Catalans
 
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